Una de las preguntas que más recibo es: «¿qué cámara me compro?». Hoy no voy a responder con un modelo de cámara tradicional. Voy a hablar de la herramienta que ha revolucionado mi forma de trabajar y que, honestamente, considero la mejor cámara que he tenido nunca: mi teléfono móvil.
No hablo de cualquier teléfono. Hablo de mi Sony Xperia 5 Mark IV, un dispositivo que compré pensando específicamente en el trabajo y que ha superado todas mis expectativas. Y aunque ya tiene unos años, sus capacidades, especialmente en fotografía y vídeo, siguen siendo extraordinarias.
Una aplicación de cámara para quienes aman el control
Lo primero que diferencia a este Xperia del resto es su aplicación de cámara. Olvídate del típico «apunta y dispara» automático. Sony ha integrado la filosofía de sus cámaras Alpha en el teléfono, ofreciendo modos manuales y de prioridad que te dan el control total.
Si bien tiene un modo «Auto», la verdad es que casi nunca lo uso. El verdadero poder está en el modo Manual. Es aquí donde el teléfono deja de ser un simple smartphone y se convierte en una herramienta fotográfica seria, muy similar a manejar una de sus hermanas mayores, las cámaras Sony Alpha.
Fotografía de bolsillo con alma profesional
La parte de fotografía es la que más utilizo, y por buenas razones. El Xperia 5 Mark IV no se limita a ofrecer «zoom 1x o 2x», sino que habla el lenguaje de los fotógrafos.
- Tres objetivos, tres perspectivas reales: Disponemos de tres lentes fijas: un gran angular de 16 mm, la principal de 24 mm y un teleobjetivo de 60 mm. Que te muestre las distancias focales en milímetros es un detalle fantástico que te ayuda a saber exactamente con qué estás trabajando, acercando la experiencia a la de una cámara de objetivos intercambiables. El 60 mm es ideal para la mayoría de retratos, aunque a veces eche de menos un 85 mm o más.
- La magia del formato RAW: Los tres sensores capturan imágenes en formato RAW de 12 megapíxeles. Esto es un punto clave para mí, ya que mi cámara profesional principal, una Sony a7S II, también tiene 12 MP. El archivo RAW es increíblemente flexible. Me permite recuperar información de las sombras, ajustar las altas luces, modificar los colores con precisión y aplicar presets de Lightroom (como los que uso para fotografía de motor) obteniendo un resultado profesional y muy plano, ideal para la edición.
- Funciones avanzadas que marcan la diferencia: No se queda solo en el RAW. El teléfono incluye herramientas que esperarías en una cámara de gama alta:
- Ráfaga espectacular: Puedo disparar ráfagas larguísimas, incluso en RAW, para capturar el momento exacto.
- Seguimiento y estabilización: El enfoque con seguimiento es potentísimo, gracias a un procesador avanzado, y la estabilización en el cuerpo ayuda a conseguir fotos nítidas.
- Larga exposición: Con un pequeño trípode, puedo hacer exposiciones de hasta 30 segundos, e incluso usar un modo «Bulb» si tuviera un disparador remoto.
- Bracketing y Focus Peaking: Herramientas indispensables para fotografía de paisaje o de producto, directamente en el bolsillo.
Un estudio de vídeo 4K que siempre va contigo
Aunque mi uso principal es la fotografía, las capacidades de vídeo de este teléfono son asombrosas. Me permite grabar en 4K a 120 frames por segundo. La calidad es excelente y la estabilización es más que suficiente para la mayoría de las situaciones.
Una de las formas en que lo aprovecho es como cámara secundaria. Mientras hago fotos de un coche con mi cámara principal, dejo el teléfono grabando un plano general en 4K. Luego, en postproducción, puedo recortar y reencuadrar sin perder calidad, obteniendo un clip perfecto.
El único «pero» es que los vídeos con la máxima calidad (hasta 200 Mbps) no se pueden grabar directamente en la tarjeta microSD. Mi flujo de trabajo es simple: grabo en la memoria interna y, al terminar, muevo la carpeta a mi tarjeta microSD V90 de alta velocidad. El proceso es tan rápido que no supone un problema, y me da la flexibilidad de extraer la tarjeta y pasar los archivos al ordenador al instante.
Más que una cámara: una herramienta de trabajo integral
Aquí es donde el smartphone gana por goleada. No es solo un dispositivo para capturar imágenes; es un ecosistema de producción completo.
En este mismo teléfono tengo:
- Redes Sociales: Instagram, TikTok, Metricool para gestionar publicaciones.
- Comunicación con clientes: WhatsApp y WeTransfer para enviar archivos al momento.
- Edición de vídeo: Apps potentes como VN y CapCut.
- Edición de color: Puedo grabar en perfil logarítmico (Log) y aplicar LUTs directamente en el móvil para una corrección de color rápida.
Gracias a su procesador (un Snapdragon 8 Gen 1) y a su conectividad USB-C, puedo incluso conectarlo a un monitor externo, añadir un teclado y un ratón, y tener una estación de edición improvisada en cualquier lugar.
La perspectiva correcta: ¿Es mejor que una cámara profesional?
Seamos claros. La calidad de imagen y vídeo de mi Sony a7S II es infinitamente superior a la de cualquier teléfono móvil. Es un sensor más grande, con una óptica increíble, y sigue siendo mi herramienta principal para trabajos profesionales.
Sin embargo, esa cámara no siempre está conmigo. Requiere baterías extra, un gimbal, un ordenador para editar y un proceso más lento.
El teléfono, en cambio, siempre está en mi bolsillo. Es versátil, inmediato y me permite completar un flujo de trabajo de principio a fin sin necesidad de nada más. Por esa razón, por su disponibilidad y su increíble polivalencia, el Sony Xperia 5 Mark IV es, sin duda, la mejor cámara que he tenido jamás.
Ahora, con la vista puesta en el futuro y esperando el lanzamiento del Sony Xperia 1 Mark VI, solo puedo imaginar cómo seguirán evolucionando estas increíbles herramientas que están redefiniendo lo que significa ser un creador de contenido.
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